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sábado, 6 de septiembre de 2014
PERIODO DE ADAPTACIÓN ¿SI o NO? That´s the cuestion
El periodo de adaptación a la escuela infantil
Vamos a comentar brevemente en que consiste el periodo de adaptación para que también os sirva de reflexión y ayuda para resolver las dudas que podáis tener sobre este periodo o de algún modo superar la angustia, si la hubiera, que os puede suponer dejar al niño en la Escuela Infantil.
Sabemos que el ingreso en la escuela infantil supone un cambio muy importante para el niño, “normalmente” es la primera vez que se separa de su familia, sale de su hogar para pasar a un espacio totalmente desconocido, con adultos desconocidos y con otros niños.
Las familias también sufrís una adaptación, ya que suele ser la primera vez os separáis de vuestro hijo. Y lo mismo sucede con las educadoras, que también tienen que adaptarse, cada niño es diferente, hay que conocerle, saber sus gustos y preferencias, y conseguir que disfrute y sea feliz en los primeros momentos, y luego, durante el curso.
La entrada del niño en la escuela infantil supone para él un importante cambio: Implica la salida del entorno familiar donde el niño ocupa un papel determinado, con una forma determinada de comunicarse y con un espacio que conoce, que le da seguridad y protección, y todo esto va a modificarse: su mundo de relaciones va a ampliarse al salir del círculo estrecho familiar, nuevos adultos y nuevos niños, y va a entrar en contacto con un nuevo espacio: la escuela.
Este será paso muy importante en la vida del niño, y aunque en algunos casos al principio la separación le resultará dolorosa, el niño lo irá asimilando, y gracias a esta separación se incrementará su autonomía personal y su grado de socialización. Además de ser un paso necesario para aprender que los cambios no tienen por qué ser malos.
El niño experimenta cambios en las áreas de: higiene, alimentación, sueño, rutinas, las rutinas que se establecen en la Escuela Infantil, les ayudan en su organización del tiempo y la actividad, a relacionarse con sus iguales, con los adultos y en la organización del espacio y objetos.
Es posible que durante este periodo puedan aparecer en el niño conductas de rechazo:
Hay niños que desde el punto de vista somático pueden tener alteraciones de sueño, de alimentación, vómitos…
Algunos sienten ansiedad ante la separación y pueden sentir abandono, miedo, surgen los celos de los otros hermanos, o pueden tener comportamientos agresivos.
Desde el punto de vista afectivo y social se observa:
Niños que lloran: es la manifestación más generalizada.
Niños que no lloran y participan en la escuela de forma resignada porque la actividad les resulta novedosa, pero en el hogar manifiestan conductas negativas.
Niños que lloran y se niegan a ser atendidos por extraños.
Niños que se mantienen aislados, no participan, no se relacionan, permanecen sin moverse.
Niños que se aferran fuertemente a algún objeto que traen de casa, participan pero con el objeto en la mano.
Debemos saber que estas son manifestaciones normales de este periodo y que si lo entendemos de una forma natural estaremos ayudando al niño en la resolución de este proceso que es el periodo de adaptación.
Para todo ello va a necesitar que le ofrezcamos una gran comprensión y ayuda, ayuda que no consiste en evitar sus sentimientos y conflictos, sino en entenderlos. Y que comprendáis que cada niño tiene un ritmo de adaptación personal que hay que respetar.
Cuando hablamos de la separación mutua de niño-familia, entendemos que no sólo se adapta el niño, sino que los padres van a tener que adaptarse también.
Los padres tendréis una gran influencia en sus temores, sus expectativas, su ansiedad,... todo lo que vosotros sintáis: La inseguridad, la culpabilidad por la separación, el temor ante el cuidado que vaya a recibir el niño, todo eso son sentimientos habituales en los padres, pero debéis cuidar al máximo vuestras manifestaciones externas, para no trasmitir al niño inseguridad.
Consejos para padres
De forma que, algunos consejos que podemos daros son:
Lo que hemos comentado, recordaos que vuestra actitud es muy importante. Es necesario no actuar con inseguridad, duda o culpabilidad.
Durante el periodo de adaptación, en la medida de vuestras posibilidades es conveniente que intentéis llevarle y buscarle vosotros, eso le dará seguridad y se acostumbrará antes al cambio.
Debemos evitar el chantaje afectivo de “no llores que mamá se va triste”, o la mentira “no llores que mamá viene ahora”.
Cuando sea la hora de marchar es mejor no alargar la situación: decir adiós con seguridad y alegría. Es importante que no piense que la marcha de los padres es opcional o que si protesta con fuerza impedirá la partida.
No prolongar las despedidas en exceso. Hay que trasmitir al niño que lo que estáis haciendo es lo mejor para él.
Dejaremos que el niño lleve, si así lo desea, su juguete favorito, algo que le sea familiar y le mantenga unido con su hogar.
No es un buen momento para introducir más cambios en la vida del niño (quitar pañales, cambio de habitación...) Será conveniente esperar a que supere el proceso de adaptación.
Evitar al recogerle frases como “ay, pobrecito, que le hemos dejado solito”, “qué te han hecho?”
Puede que el niño, en el reencuentro con los padres llore o muestre indiferencia, estas son algunas manifestaciones que no deben angustiarnos, a veces el niño también experimenta sentimientos ambivalentes, contradictorios, al mismo tiempo siente la separación con la educadora y el deseo de ir con sus padres.
Es posible que surjan pequeñas dificultades, no os alarméis, solo está adaptándose a un ritmo diferente.
Ese pequeño desequilibrio del inicio del curso debe contemplarse desde una actitud serena de normalidad.
Objetivos para los papás
Os proponemos como objetivos para vosotros:
Que superéis la angustia de la separación.
Que confiéis en el equipo.
Que os despidáis de vuestros hijos sin engaños y con seguridad.
Que conozcáis y valoréis el periodo por el que pasan vuestros hijos.
Objetivos para los niños
En cuanto a los niños, en el periodo de adaptación es muy importante la separación con los padres, pero no es solo eso, podríais pensar que si vuestro hijo no llora, se muestra contento y confiado, no necesita un periodo de adaptación.
Pero en este periodo implica a otras muchas cosas: Como objetivos durante este periodo el niño debe:
Aceptar el nuevo espacio y ser capaz de moverse libremente en él.
Explorar el nuevo material.
Adaptarse a las rutinas.
Comprender y recordar las normas y pautas que la educadora va estableciendo.
Establecer vínculos de afectividad con la educadora y los demás niños.
Admitir progresivamente la separación de sus padres.
miércoles, 20 de noviembre de 2013
La timidez según la edad del niño
La timidez infantil se manifiesta de forma diferente según la edad
del niño y la etapa de su desarrollo psicofísico. Te ayudamos a
reconocer los síntomas más característicos.
del niño y la etapa de su desarrollo psicofísico. Te ayudamos a
reconocer los síntomas más característicos.
Sociable hasta los 5 meses de edad
En los primeros meses de vida, la gran mayoría de los bebés suele tolerar bien la
compañía de las personas, sobre todo si les sonríen y son amables con él. En
realidad,aparte de mamá y papá, en este período el niño no está capacitado para
distinguir un rostro de otro. Para prevenir la timidez, es útil tranquilizar al bebé
desde las primeras semanas de vida: respondiendo a sus demandas de atención
y cuidados, mimándole y acariciándole.
compañía de las personas, sobre todo si les sonríen y son amables con él. En
realidad,aparte de mamá y papá, en este período el niño no está capacitado para
distinguir un rostro de otro. Para prevenir la timidez, es útil tranquilizar al bebé
desde las primeras semanas de vida: respondiendo a sus demandas de atención
y cuidados, mimándole y acariciándole.
Las primeras señales, a los 6 meses de edad
A esta edad, el niño aprende a reconocer el rostro de sus padres y está
incómodo con los extraños. En este período, además, comienza el miedo a
la separación: el bebé teme que la mamá se aleje de él, y la
presencia de cualquier desconocido supone un posible peligro. Si los padres
se muestran serenos y felices en compañía de personas nuevas, el bebé
estará más predispuesto a aceptar a los extraños.
incómodo con los extraños. En este período, además, comienza el miedo a
la separación: el bebé teme que la mamá se aleje de él, y la
presencia de cualquier desconocido supone un posible peligro. Si los padres
se muestran serenos y felices en compañía de personas nuevas, el bebé
estará más predispuesto a aceptar a los extraños.
Al año, llega la timidez del niño
Se cubre la cara con las manos, se mete el dedo en la boca y, en ocasiones,
rompe a llorar: cuando se presenta un desconocido o llegan a casa los amigos de
mamá y papá, el niño puede reaccionar con actitudes de indiferencia o de rechazo.
Ante estos casos, es inútil y contraproducente obligarle a estar con los demás. Al
contrario, es bueno que los padres adopten una actitud de comprensión y protección,
y que den ejemplo, mostrándose confiados y tranquilos delante de otras personas.
rompe a llorar: cuando se presenta un desconocido o llegan a casa los amigos de
mamá y papá, el niño puede reaccionar con actitudes de indiferencia o de rechazo.
Ante estos casos, es inútil y contraproducente obligarle a estar con los demás. Al
contrario, es bueno que los padres adopten una actitud de comprensión y protección,
y que den ejemplo, mostrándose confiados y tranquilos delante de otras personas.
Hacia los 2 años de edad: la técnica de la huida
Aunque a esta edad el pequeño ha adquirido una cierta autonomía motora y
lingüística, todavía no está capacitado para reaccionar siempre de forma
positiva ante la presencia de extraños. El niño se encuentra en el llamado
período del no, del rechazo, e intenta imponer su voluntad. Ahora, la incomodidad
no la expresa llorando, sino que evita responder a las preguntas o ignora a
la persona nueva, esperando que le deje en paz. Cuando esto ocurre, no es
necesario intentar disculparle diciendo frases como "es que es tan tímido". Es
preferible tratarle con normalidad, sin dar excesiva importancia a su comportamiento.
lingüística, todavía no está capacitado para reaccionar siempre de forma
positiva ante la presencia de extraños. El niño se encuentra en el llamado
período del no, del rechazo, e intenta imponer su voluntad. Ahora, la incomodidad
no la expresa llorando, sino que evita responder a las preguntas o ignora a
la persona nueva, esperando que le deje en paz. Cuando esto ocurre, no es
necesario intentar disculparle diciendo frases como "es que es tan tímido". Es
preferible tratarle con normalidad, sin dar excesiva importancia a su comportamiento.
A los 3 años, mejora
La experiencia de la guardería es un buen entrenamiento contra la timidez.
Les enseña que la compañía de los demás puede ser muy divertida. Para ayudarle,
es necesario fomentar su socialización, invitando a casa a sus amigos, organizando
una fiesta para su cumpleaños, llevándole a jugar al parque, etc.
Les enseña que la compañía de los demás puede ser muy divertida. Para ayudarle,
es necesario fomentar su socialización, invitando a casa a sus amigos, organizando
una fiesta para su cumpleaños, llevándole a jugar al parque, etc.
La timidez en los niños: ¿Cuándo existe un problema?
Si un niño que siempre ha demostrado ser sociable se vuelve de repente
triste y tímido, y la situación se alarga, puede significar que alguna cosa no va
bien. Pero, ¿cómo debemos actuar para saber qué es lo que le preocupa y poder
ayudarle?
triste y tímido, y la situación se alarga, puede significar que alguna cosa no va
bien. Pero, ¿cómo debemos actuar para saber qué es lo que le preocupa y poder
ayudarle?
• Hay que evitar observarle a escondidas e indagar en el problema
realizando demasiadas preguntas, pues se sentiría controlado y se negaría
a explicar a la mamá o al papá lo que le preocupa. Es mejor, en cambio,
acercarse al niño con delicadeza, en un momento en el que esté tranquilo,
para preguntarle si hay alguna cosa que no funciona e invitarle a hablar juntos
del tema, cuando tenga necesidad de hacerlo.
realizando demasiadas preguntas, pues se sentiría controlado y se negaría
a explicar a la mamá o al papá lo que le preocupa. Es mejor, en cambio,
acercarse al niño con delicadeza, en un momento en el que esté tranquilo,
para preguntarle si hay alguna cosa que no funciona e invitarle a hablar juntos
del tema, cuando tenga necesidad de hacerlo.
• Pero si la repentina timidez continúa o empeora, resulta necesaria la ayuda
de un especialista. El niño, de hecho, podría sufrir un miedo que no sabría
cómo afrontar, más que encerrándose en sí mismo. Un psicólogo infantil,
mediante una entrevista con los padres y el niño, le ayudaría a afrontar el
problema.
de un especialista. El niño, de hecho, podría sufrir un miedo que no sabría
cómo afrontar, más que encerrándose en sí mismo. Un psicólogo infantil,
mediante una entrevista con los padres y el niño, le ayudaría a afrontar el
problema.
Con frecuencia, los niños tímidos son muy sensibles y están atentos al ambiente
que les rodea: se preocupan por lo que los demás piensan de ellos, temen
sus comentarios negativos y tienen miedo a defraudar las expectativas de los
que aman. El niño tímido es muy crítico consigo mismo. Es consciente de sus
propiasdebilidades y se da cuenta de que no tiene el valor suficiente para
afrontar determinadas situaciones que le avergüenzan.
que les rodea: se preocupan por lo que los demás piensan de ellos, temen
sus comentarios negativos y tienen miedo a defraudar las expectativas de los
que aman. El niño tímido es muy crítico consigo mismo. Es consciente de sus
propiasdebilidades y se da cuenta de que no tiene el valor suficiente para
afrontar determinadas situaciones que le avergüenzan.
Según el psicólogo norteamericano Jerome Kagan, la verdadera timidez se
exterioriza de forma clara entre el primer y el segundo año de vida a través
de la inhibición. La mayoría de los niñosde esta edad, frente a un extraño,
interrumpen el juego y se bloquean durante un tiempo. Sólo cuando se
supera la incomodidad (normalmente, gracias a la intervención tranquilizadora
de los padres) el juego prosigue. Este mismo estudio destaca que si dos
niños que no se conocen se ponen a jugar juntos en la misma habitación,
aquél que es más tímido se mantiene apartado, no habla y evita, durante
algunos minutos, mirar a los ojos al nuevo compañero de juegos.
exterioriza de forma clara entre el primer y el segundo año de vida a través
de la inhibición. La mayoría de los niñosde esta edad, frente a un extraño,
interrumpen el juego y se bloquean durante un tiempo. Sólo cuando se
supera la incomodidad (normalmente, gracias a la intervención tranquilizadora
de los padres) el juego prosigue. Este mismo estudio destaca que si dos
niños que no se conocen se ponen a jugar juntos en la misma habitación,
aquél que es más tímido se mantiene apartado, no habla y evita, durante
algunos minutos, mirar a los ojos al nuevo compañero de juegos.
La timidez en los niños: ¿Cómo ayudarle?
La timidez se debe, en muchos casos, a una escasa autoestima y a la falta
de confianza en sus propias capacidades. He aquí algunos consejos prácticos
para ayudar al niño tímido:
de confianza en sus propias capacidades. He aquí algunos consejos prácticos
para ayudar al niño tímido:
• Tranquilizar al niño: se le debe hacer entender que para afrontar las
situaciones difíciles y embarazosas puede contar, además de con la ayuda
de los padres, sobre todo con su propia fuerza y valor. Una sonrisa, un abrazo
o una palabra de ánimo transmiten al niño que es querido y le aportan confianza
en sí mismo.
situaciones difíciles y embarazosas puede contar, además de con la ayuda
de los padres, sobre todo con su propia fuerza y valor. Una sonrisa, un abrazo
o una palabra de ánimo transmiten al niño que es querido y le aportan confianza
en sí mismo.
• Destacar sus puntos fuertes, diciéndole, por ejemplo, que dibuja muy bien,
que es muy simpático, etc. Los elogios, si son sinceros, son una de las armas
más poderosas para fortalecer la autoestima del niño.
que es muy simpático, etc. Los elogios, si son sinceros, son una de las armas
más poderosas para fortalecer la autoestima del niño.
• Darle un buen ejemplo, invitando al niño a saludar y a presentarse a los
extraños. Lo ideal es mostrarle cómo nos comportamos cuando
conocemos a una persona nueva, para que el niño tenga un buen modelo a seguir.
extraños. Lo ideal es mostrarle cómo nos comportamos cuando
conocemos a una persona nueva, para que el niño tenga un buen modelo a seguir.
• Aceptarle tal y como es, con sus pequeñas debilidades e indecisiones.
Sólo si el pequeño se siente querido y respetado, se convertirá en una
persona segura de sí misma.
Sólo si el pequeño se siente querido y respetado, se convertirá en una
persona segura de sí misma.
• Darle tiempo. El niño necesita tiempo para superar sus dificultades con
los demás. Después de los 3-4 años, con frecuencia, los episodios
de timidez tienden a desaparecer.
los demás. Después de los 3-4 años, con frecuencia, los episodios
de timidez tienden a desaparecer.
martes, 22 de octubre de 2013
Cómo enseñar a tu hijo a tener paciencia
Tic, tac, tic, tac, tic... ¡¡Mamáaaaaa!! Apenas han pasado dos minutos desde que le dimos a nuestro retoño la consigna “espera un momentito, amor”, pero sea lo que sea lo que pretendamos hacer en ese tiempo (conducir, caminar hasta algún sitio, hacer cola en el teatro o terminar de preparar una tortilla para la cena), parece que la impaciencia de nuestro hijo se impone en cualquier situación y acabamos perdiendo los nervios todos (el peque y nosotros). ¿Cuándo aprenderá a esperar, aunque sea un poquito?
La impaciencia de los pequeños se debe a la suma de varias condiciones que tienen mucho que ver con su corta edad. Por un lado, el hecho de que todavía no tengan desarrollada la noción del tiempo es determinante, ya que les resulta muy difícil distinguir entre hoy y mañana, ahora y luego, o simplemente calibrar lo que son cinco minutos. Para ellos, la experiencia del tiempo es como un presente continuo, por lo que todo aquello que no está pasando “aquí y ahora” es como si no fuera a pasar nunca o se ubicase en un momento demasiado indeterminado como para poder quedarse tan pancho esperando. Así que cuando uno le dice a su pequeño “dentro de un ratito nos toca a nosotros” lo que nuestro hijo entiende es “ahora mismo no nos toca y vaya usted a saber cuándo será”.
¿El resultado? Por lo general, respuestas no demasiado adecuadas como pataletas, llantos o exigenciasque acaban con la paciencia, sí, pero esta vez la de los papás. ¿Y qué se hace? Lo cierto es que no podemos pedir “milagros”, porque los primeros que tenemos que hacer uso de la capacidad de espera somos, precisamente, los adultos: comprender que los niños van aprendiendo a su ritmo y que es normal que sean impacientes. Eso y tener cuidado con nuestras propias prisas, porque ¿quién no se ha impacientado esperando a que el peque se termine ese yogur con el que lleva dos horas o quién no ha dicho el consabido “venga, que tenemos prisa” para sacar a nuestro chiquitín del ensimismamiento ante un escaparate de juguetes? Lo primero, pues, es aplicarse el cuento y demostrarle a nuestro hijo, con nuestra actitud, que esperar es parte de la vida.
Entretenerse hace más fácil la espera
Esperar es más difícil si uno no tiene nada que hacer mientras tanto. Pues bien, ayudar a nuestros pequeños a entretenerse en aquellos momentos en los que no queda más remedio que dejar pasar los minutos o las horas conseguirá que la percepción del tiempo transcurrido sea menor.
Aprender a medir el tiempo
Vale que todavía no tienen interiorizada la noción del tiempo, pero podemos ayudarles a entenderlo mejor con objetos externos. Un reloj de arena o de cocina o canciones pueden servirnos de medidor a la hora de fijar un momento determinado (un comienzo o un final de algo). Por ejemplo, “cuando suene el reloj de cocina sales del baño, lo he puesto en cinco minutos”.
Adoptar rutinas
A veces nuestros hijos se manejan mal con las esperas porque no tienen muy claro el orden de los acontecimientos en su día a día. Así, si conseguimos establecer unas rutinas predecibles, les será más sencillo manejarse con los tiempos que requieren las cosas.
En una conversación
Aprender a esperar el momento adecuado para intervenir en una conversación es cuestión de paciencia, pero también de manejo de algunas habilidades sociales. Por ejemplo, hay que aprender a detectar cuándo ha terminado una frase nuestro interlocutor (para no intervenir antes de tiempo), hay que pensar antes lo que vamos a decir y saber cómo hacer las indicaciones adecuadas para “pedir la vez”. En este sentido, es fundamental que establezcamos un código con nuestros hijos (verbal o no verbal, como levantar la mano o hacer un gesto) para que nos demos por enterados de su deseo de intervenir. Es nuestra labor señalar a continuación cuándo es el momento más adecuado para hacerlo, asegurándonos de que ha escuchado lo que hemos hablado (a veces, el deseo de contar algo “cierra” sus orejitas y no se enteran bien de lo que decimos).
En el médico
Si a la idea de un niño impaciente le sumamos la idea de un niño malito y unos papis que no han pegado ojo atendiendo vómitos, fiebres, mocos y llantos tenemos por delante uno de esos momentos “críticos” de la paternidad. Y es que en estas ocasiones, en las que al agobio de ver a nuestro peque malito se suma la prudencia de evitar que se relacione demasiado con los otros “enfermitos” (por evitar contagiar y contagiarse), solo podemos tirar de recursos propios para hacer más llevadera la espera. Si le preguntáramos a un padre o madre experimentados en infecciones infantiles y visitas al médico, lo primero que nos diría es que, antes de salir de casa, hay que preparar el “kit básico de espera médica”. A saber: móvil cargado con batería suficiente como para hablar con los hermanos o la abuelita, un par delibros de cuentos, una botellita de agua y, por supuesto, “muchas ganas de pasear” por los pasillos hasta que, por fin, nos toque a nosotros.
En la cola del supermercado
Hacer la compra con papi o mami puede ser muy divertido: ir en la silla del carro de la compra como si fuera en una carroza, ayudar a coger las cosas de los estantes y aprender los nombres de frutas y verduras. Pero cuando llega el momento de pagar, toda la alegría del trayecto se puede convertir en una pesadilla. Tenemos varios carros por delante y de repente el pequeño se hace pis, tiene hambre, sueño y un mal humor que no había hecho acto de presencia hasta ese momento. En estos casos la anticipación es la mejor tabla de salvación. Si sabemos que ir al supermercado con el peque puede acabar con la paz del día, es imprescindible salir de casa armados hasta los dientes con las mejores distracciones. Así, antes de que nuestro hijo entre en “modo desesperación”, hagamos un último esfuerzo y saquemos del bolso ese álbum de pegatinas o los muñecos o el reproductor de canciones con los cascos, que astutamente hemos guardado antes de salir de casa. Así estará entretenido y tu podrás guardar la compra y pagar tranquilamente.
Por: Violeta Alcocer, psicóloga
martes, 3 de septiembre de 2013
PRIMER DIA DE CLASE
El primer día de guardería
Los primeros días de guardería son un momento delicado, que se debe presentar al niño como una oportunidad, y no como un obligación. Te ofrecemos algunos trucos y consejos
El primer día de guardería es una prueba de fuego tanto para el niño como para los papás. Es normal que el pequeño sienta desconfianza, miedo o sensación de abandono al principio. Sin embargo, es importante que la mamá (el papá, los abuelos, el canguro o cualquier figura de referencia del niño) esté presente durante los primeros días, que serán de transición, así como que le transmita la idea de que la asistencia a la guardería es una oportunidad para aprender y relacionarse con nuevos amiguitos, un lugar en el que aprenderá muchas cosas nuevas y donde también se divertirá mucho.
Consejos para superar los primeros días de guardería
La persona que se encargue de la “adaptación” del niño en la guardería hará de intermediario entre el niño y el nuevo entorno, procurando sobre todo que el pequeño les coja confianza a los cuidadores de la guardería.
Consejos para superar los primeros días de guardería
La persona que se encargue de la “adaptación” del niño en la guardería hará de intermediario entre el niño y el nuevo entorno, procurando sobre todo que el pequeño les coja confianza a los cuidadores de la guardería.
- Los papás del niño deberán estar seguros y convencidos de la decisión, para transmitir tranquilidad, confianza y entusiasmo al pequeño. Esto favorecerá la adaptación del niño. El niño percibe y absorbe la ansiedad de sus padres.
- Si, antes de iniciar la guardería, el niño ya está acostumbrado a separarse de la madre será una gran ventaja. Y es que el miedo a la separación, al abandono es una de las principales dificultades para el niño.
- Además, la separación de la madre es más fácil de asumir si se hace de un modo gradual. Por lo que este “entrenamiento” previo puede hacerse en mejores condiciones.
- Durante el rato que la mamá esté ausente, es recomendable que el niño esté con algún familiar o alguna persona conocida con la que tenga trato y confianza, y se sienta a gusto.
- Se puede empezar por ratos cortos y cada vez alargar más la separación, hasta que se conviertan en toda una tarde. Llegados a este punto, el niño estará preparado para “enfrentarse” a la guardería.
- La despedida puede ser uno de los peores momentos del primer día de guardería. Hay que evitar irse de “hurtadillas” cuando el niño está despistado, ya que el niño podría vivirlo como un abandono.
- Es bueno proporcionar al niño unas palabras breves de despedida para consolarle, pero sin alargar el momento en exceso. Además, no hay que sucumbir a los llantos del niño y pataletas del niño, ni ofrecerle golosinas u otros “premios” para que se calme.
jueves, 8 de noviembre de 2012
Causas de los mordiscos de los niños y bebés
Morder en la guardería, de vez en cuando, forma parte del desarrollo normal del niño, pero cuando el bebé o el niño lo hace de forma persistente, puede ser motivo de preocupación, tanto para los padres como para los educadores. Los mordiscos de los bebés y niños son muy dolorosos para el que los recibe y, además, puede provocar conflictos entre los compañeros. Los niños, una vez que han sufrido repetidas agresiones, tienden a rehusar la cercanía del niño que muerde y terminan aislándolo del grupo. Para poner fin a este tipo de conducta, el primer paso es saber por qué lo hace.
Causas de los mordiscos de los niños y bebés
Los bebés utilizan su boca para explorar, para aprender más sobre su mundo y para relacionarse. Desconocen el dolor ajeno y carecen de autodominio: actúan por impulsos. Tan pronto muerden porque están alegres, como porque quieren conocer los objetos o necesitan aliviar el dolor de sus encías. El caso de los niños de 1 a 3 años es diferente. A esta edad se tienen que ir incorporando a la vida en colectividad, pero aún no suelen poseer el lenguaje necesario, ni tener las habilidades sociales suficientes para poder comunicarse y hacerse respetar. Morder es una manera rápida de conseguir un juguete o de llamar la atención. También utilizan este recurso cuando experimentan situaciones que les causan estrés o frustración, como, por ejemplo, un entorno desconocido, tener hambre, el nacimiento de un hermano o sentirse agredidos. Otros niños muerden, sencillamente, por imitación.
En la edad preescolar los mordiscos dejan de ser frecuentes. A veces pueden recurrir a este arma para controlar una situación, como autodefensa, para llamar la atención o por una gran frustración o enfado. Pero si a esta edad, un niño muerde de forma persistente, puede reflejar problemas emocionales o de comportamiento, ya que posee las habilidades suficientes para poder expresar sus necesidades y sentimientos sin morder. Es posible que su conducta sea un reflejo de problemas de relación social con otros niños a los que no se quiere someter, el resultado de una disciplina excesiva o severa o una consecuencia de su experiencia como testigo o víctima de acciones de violencia física.
Cómo evitar que los niños muerdan a sus compañeros
Aunque el problema de los mordiscos es normal, no debemos resignarnos a “sufrirlos” con la esperanza de que desaparecerán con el tiempo, porque en muchos casos no es así. Hay que estudiar cuáles son las situaciones en las que existe mayor riesgo y debemos tratar de anticiparnos para reducir los comportamientos no deseados.
- Si al niño le están saliendo los dientes o está en una fase de exploración, hay que proporcionarle granvariedad de juguetes y cosas que pueda morder para calmarse (mordedores, galletas, zanahorias frías...).
- Si dos niños se suelen pelear a menudo por un mismo juguete, podemos comprar más ejemplares para que jueguen simultáneamente.
- Si suele morder cuando tiene hambre o está cansado, se puede acortar el tiempo de juego para que coma antes y pueda descansar.
- Si muerde para llamar la atención, se debería pasar un poco más de tiempo con él, pero siempre haciendo una actividad positiva (leer un cuento, jugar a la pelota...), nunca como consecuencia de haber mordido. Hay que evitar que el grupo de juego se aburra, esté nervioso en exceso o sea demasiado numeroso. Y, por supuesto, estar lo suficientemente atentos y cercanos para poder intervenir con rapidez en caso necesario.
- Si dos niños se suelen pelear a menudo por un mismo juguete, podemos comprar más ejemplares para que jueguen simultáneamente.
- Si suele morder cuando tiene hambre o está cansado, se puede acortar el tiempo de juego para que coma antes y pueda descansar.
- Si muerde para llamar la atención, se debería pasar un poco más de tiempo con él, pero siempre haciendo una actividad positiva (leer un cuento, jugar a la pelota...), nunca como consecuencia de haber mordido. Hay que evitar que el grupo de juego se aburra, esté nervioso en exceso o sea demasiado numeroso. Y, por supuesto, estar lo suficientemente atentos y cercanos para poder intervenir con rapidez en caso necesario.
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